Saturday, August 19, 2017

The man who laughs (1928)

Cuando era chico, me advertían del peligro de que los húngaros, o los gitanos, nos robaran, ellos, o los robachicos de siempre, el caso es que había que pelar bien los tomates y no bajar la guardia.

Pues bien, en la Inglaterra de 1690, existían los "comprachicos", que se los compraban a quienes se los robaban, para deformarlos y después explotarlos pidiendo limosna o haciendo de ellos fenómenos o payasos de circo, o lo que fuera con tal que dejaran dinero.

Esa es la historia de Fermain, cuyo padre, un noble de rancio abolengo, fue ejecutado por el rey al negarse a besarle la mano (siendo Fermain apenas un bebé), en la "dama de hierro", que no era ni Marisela ni Margaret Thatcher, sino un dispositivo parecido a un sarcófago, pero con clavos enormes en las puertas, donde metían a las personas, para que al cerrarlo, murieran perforadas. Y así fue que Fermín quedó huérfano, y fue a dar a manos de los comprachicos, y el doctor le deformó la cara para que siempre tuviera una enorme sonrisa. Posiblemente para ahorrar en maquillaje de payaso. 

Lo malo es que un día, cuando él tenía 10 años, los comprachicos se deshicieron de él durante una tormenta invernal y él fue a dar a donde estaba una mujer congelada, que sostenía a un recién nacido en sus brazos, y con ella oculta dentro de su saco, pidió posada donde vivía un hombre a quien llamaban "el filósofo" y que daba funciones con su lobo (que en realidad era un perro) amaestrado.

Allí crecieron Fermain, a quien llamaban Gwyneplain, y Dea, que era invidente y que acababa de cumplir sus 15 añitos, dando funciones diariamente con llenos totales gracias al público ansioso de ver al hombre de la sonrisa eterna. Como ella no podía verlo, se enamoró de él tocando su rostro, pues lo creía siempre feliz y de buen humor.

Pero sus vidas dan un giro de 180° cuando ya muerto el rey déspota que asesinara a su padre, llega a manos de su asistente y ahora fiel servidor de la duquesa Josiana, que es el vivo retrato de Madonna, una carta del Dr que lo deformó avisando que sólo él conoce el paradero del único heredero de la corona, y que es ni más ni menos que Fermain, desatando una serie de acontecimientos en la realeza pues la reina Anna, que deseaba casar a su hijo con Josiana, al enterarse, la obliga a casarse ahora con él, pero él ya ama a Dea así que abandona todo y regresa a su verdadero amor.

Y vivieron felices para siempre.